El País Valencià también sufre un problema de financiación, pero ellos pagan haber abrazado el anticatalanismo.
Durante 20 año el PP atizó el odio hacia Catalunya, tanto que los valencianos se convirtieron en españoles, aunque fueran de "segunda". Adoptaron el panespañolismo en vez del pancatalismo y, claro, España lo tuvo fácil para practicar el ostracismo contra el pueblo ché. Fue como matar dos pájaros de un tiro: consiguió reducir el eje económico catalán-valenciano sin que hubiera quejas y, además, los infrafinanciaba.
Madrid no paga traidores...
Ahora, con el tiempo, cuando lo de los Països Catalans solo es el sueño húmedo de la mente desequilibrada de algún independentista catalán, es cuando parece ser que el valenciano se siente libre para poder quejarse.
Y manifestaciones como la del sábado recuerda la de Barcelona del 2007 con el lema (traducido) Somos una nación y decimos ¡BASTA! Tenemos derecho a decidir sobre nuestras infraestructuras.
El manifiesto de la convocatoria exigía el traspaso de la red de transportes y de infraestructuras a la Generalitat de Catalunya, la publicación de las balanzas fiscales entre Catalunya y el estado español y que la Generalitat recaudara y gestionara todos los impuestos de los catalanes.
El gobierno español no escuchó y 10 años después se declaraba la independencia de Catalunya en sede parlamentaria con el 85% de votos favorables de los que estaban presentes; república no implementada –de momento– porque lo impidió el uso de la fuerza, la represión y la violencia española.
En todo caso, dentro del autonomismo que nos tiene sumergidos ERC, cualquier cambio de financiación que beneficie al País Valencià también servirá para Catalunya. Y muy pronto veremos una manifestación parecida en les Illes...